Sin Título

IMG_1422

Hay veces que la muerte no me da ningún miedo.
Al cómo sucede, quizás. Definitivamente sí. Pero a lo desconocido no demasiado.
Ese abismo, esa luz u oscuridad, ese lo que sea, se presenta como un interrogante que no tengo ninguna prisa por descifrar, pero del que no huyo.
Ese interrogante hace la vida, vida. Sin él, a saber como ordenaríamos prioridades, dificultades y deseos.

La muerte de los demás es otra historia.
Ese vacío profundo, ese enredo emocional que cuesta destramar.
Ese echar de menos tan impotente.

.

De pequeña era mucho más lista e inteligente de lo que soy ahora.
En muchas ocasiones, recuerdo pensar en que si la muerte me sorprendiera en ese momento y me muriera, no pasaría nada. No era algo que deseara, ni mucho menos, pero tampoco la rechazaba. No la temía.
Tenía una actitud sorprendentemente tranquila frente a la muerte.

Pese a vivir una década difícil en una escuela en la que no encajaba, dos muy buenas amigas a las que veía los fines de semana, me hacían sentir la más privilegiada del mundo. No era la falta de amor la que hacía la muerte más concebible, sino todo lo contrario. La tranquilidad de saber que había goce. Y que si algún día se acababa, estaría agradecida por el que había vivido. Estoy hablando de reflexiones de cuando tenía unos 8-9 años…

Ese ser diminuto pero mucho más inteligente que su versión adulta, hubiera suscrito con firmeza las palabras que encabezan estas líneas. Pero he de confesar que, ahora, el miedo a la muerte lo entiendo mucho más. Aún no temo a ese interrogante, a ese vacío desconocido, pero me agarro con más fuerza al vivir, al ser. Me costaría más aceptar un punto y final.

.

Pero si hoy me muero, no pasaría nada.

Si tomamos el universo como punto de referencia, no creo que importemos en absoluto ni como individuos ni como especie humana. Desde mi punto de vista, no somos nadie ni nada. Aún así, importamos en relación a nosotros mismos y a aquellos que nos rodean. Cada persona sigue teniendo su centro del mundo que empieza por ella misma y esos otros mundos que se entrelazan.

La importancia de una muerte es inmensa y diminuta. La muerte, o la vida, es ambivalente. Sin sentido y con todo el sentido del mundo.

El echar de menos es otra cosa…

Ausencia

Erase una vez, la fotografía como discurso, como ensayo, como terapia.

Crecí rodeada de pintores y escultores. Mi padre es uno de ellos. Desde muy pequeña me acostumbré a asistir a exposiciones. Gracias a esto, a los nueve años se me daba mejor hablar con adultos de cuarenta años que con niños de mi edad (lo cual me producía un profundo pavor). A pesar de estar rodeada de artistas, hasta muy tarde no supe que la fotografía también era una herramienta creativa con la que podías expresar una infinidad de cosas. Me parece mentira que durante tanto tiempo pasara por alto el poder de la imagen. Aún hoy hace falta que muchas personas se den cuenta de que la fotografía es un arte. Aunque sólo sea ser consciente de que detrás de muchas fotografías hay un trabajo físico y mental importante, y que contemplarlas puede producirnos un profundo placer, informarnos sobre algo que pasa en el mundo o hacernos descubrir cosas de nosotros mismos que no sabíamos.

Me siento afortunada de contar con una herramienta que me permite transformar mis ideas, mi tristeza, mi alegría, mi confusión,… en una o más fotografías que a veces consiguen dar sentido a lo que pasa por mi cabeza.

Hoy quiero darles un espacio a las fotografías que forman parte de la serie Ausencia (2008-2010), el primer conjunto de imágenes que uní bajo un significado o un propósito.

Muchas fueron tomadas en 2008 con mi primera cámara, una Panasonic Lumix compacta muy sencilla, pero estupenda. Aún no sabía que hacía con ella, pasaba el rato, disfrutaba… En ningún momento imaginé que estas imágenes estarían hoy cargadas de tanto significado. Desde hace ocho años me he acostumbrado a llevar una cámara conmigo a todas partes. Y allí estaba yo, en casa de mis abuelos, cámara en mano. Sin más.

La fotografía congela momentos que un segundo después ya son parte del pasado. Es parte de su magia. Los lugares y algunas de las personas que forman parte de Ausencia ya no existen más allá del recuerdo, y en estas imágenes.

Mis abuelos paternos murieron en 2010. Unas semanas más tarde empecé a documentar a conciencia el piso dónde vivían. Hasta ese momento nunca había sentido especial interés en fotografiar espacios, pero fue entonces cuando me di cuenta de la energía que podía transmitir una habitación. Tampoco pude resistirme y fui a buscar en el disco duro todas las imágenes que había tomado de mis abuelos. Mi manera de lidiar con el dolor de la pérdida era aspirar a transformar esa emoción en algo tangible, en belleza. Ese proceso no era consciente, ni mucho menos, más bien era un instinto incontrolable. Un instinto que me ha dado hoy un conjunto de diez imágenes que, sean buenas o no, me hablan en voz alta y me conmueven.

Con el tiempo los sentimientos se transforman, pero las imágenes tienen el increíble poder de hacerlos resurgir.

Es maravilloso como un conjunto de imágenes tomadas en años diferentes pueden crear un discurso y explicar una historia. Las posibilidades de la fotografía son infinitas.

El motivo por el cual estas fotografías han resurgido el día de hoy es porque hasta ahora formaban parte de las series de mi página web, pero al hacer limpieza (¡ya he hablado antes de la importancia de la selección!), por falta de calidad en comparación con mis trabajos posteriores, se han mudado al apartado del blog. Estas fotos siguen conmoviéndome a pesar de los años transcurridos, pero afortunadamente la serie Desde la azotea está dedicada a las mismas personas que Ausencia, así que ellos siguen presentes de una forma u otra. 

2008-2010 © Maria Alzamora

Without camera in a Flogging Molly’s concert


 

FLOGGING MOLLY
& Beans On Toast

 

I hate to be in a concert with amazing lights and without my camera… I really need to learn how to enjoy music without being in “photographer mode”. However, when I am listening to really great music and there are great lights, I kind of feel like I need to transform the energy I am getting from the performance in something that will remain.

Yesterday I went to Flogging Molly’s concert at Leeds University Union. It was great! I didn’t have my camera with me, so I had to use my phone…

 

Beans On Toast, supporting Flogging Molly

 

I began this blog talking about mobile photos and calling them “impressions”. I find it wonderful to have a tool like the phone’s camera that allows you to capture some of your day a day impressions. Of course, as long as it doesn’t keep you away from actually enjoying reality.

Photographies taken with the phone at Flogging Molly’s concert.
Fotografías tomadas con el móvil durante el concierto de Flogging Molly.

He stroked my skin as if I was his possession

There is an anger inside me that wants to be canalized somehow, but doesn’t find the way. An anger towards myself and society. Myself for being dragged down into a society pattern and stereotypes of what beauty and women is. Because I am being imprisoned by myself in an imaginary jail. I am aware that it is an illusion, but I am still trapped by it. Also, anger towards society for allowing gender inequality to remain strong. Angry with those that deny such a fact and by that, they are reinforcing the problem.

I had a really vivid dream last night. Incredibly vivid.
I was going upstairs in a cinema. I was following a cue and the man behind me touch my back with his hand. He put his hand under my T-shirt slowly but confident and he stayed there, with his hand in my back. He stroked my skin as if I was his possession. I was furious with rage. I demanded an explanation. How he dared!? He thought it was funny. I didn’t think it was. I was feeling enraged. I thought about the amount of women that would allow that attitude. I thought that in another moment of my life I wouldn’t have made a big deal of it. I would have said “what a stupid man” and ignored him. Ignored that he acted as he pleased beyond the boundaries of respect. Isn’t silence in this case a way to reaffirm such an action?

I am still surprised by that dream and all those feelings I had. When I woke up, that anger was so strong and real. My thoughts were crystal clear.

In the dream, in front of what happened, I tried to ask the responsible of the cinema, who was standing right there, to do something about it. To kick him out from the cinema. But nobody around understood my reaction. They all thought it wasn’t a big deal. The man that touched me kept looking at me and laughing as if I was crazy. That anger increased even more in front of the confusion when no one else understood my point. 

I belong to no one